La reacción del Betis a un cuarto de hora del final evitó que recibiera una goleada escandalosa ante su público. El Almería llegó a ponerse 0-4 con los goles de Mané, Teerasil, Quique y Edgar, pero la entrada de Rubén Castro en el 73' lo cambio todo. El grancanario enseñó el camino a los suyos y se convirtió en el Pichichi histórico del Betis. Luego, Perquis y Jorge Molina recortaron distancias para dejar la eliminatoria abierta.
Los sevillanos saltaron al campo a verlas venir y les costó carísimo. Tanto, que a la media hora de partido ya habían encajado tres goles. Si la afición ya iba mosqueada al Villamarín, el espectáculo de ver a su equipo como un pelele en manos del Almería, fue demasiado. Tanto, que muchos ni esperaron al descanso para irse del estadio.
El equipo de Francisco salió como un tiro y en un momento Mané, Teerasil y Quique encarrilaron el partido. Al descanso, parecía imposible que el encuentro se le pudiera escapar al Almería. Mucho menos, cuando al cuarto de hora de la segunda parte, Edgar firmó el cuarto.
Una reacción milagrosa
Pero pasó uno de esos milagros que ocurren en el fútbol de vez en cuando. La remontada no fue total, pero la mística que se alcanzó en el último tramo del partido recordó a la de las grandes gestas como, por ejemplo, aquella remontada del Liverpool al Milan en Champions.
Pero pasó uno de esos milagros que ocurren en el fútbol de vez en cuando. La remontada no fue total, pero la mística que se alcanzó en el último tramo del partido recordó a la de las grandes gestas como, por ejemplo, aquella remontada del Liverpool al Milan en Champions.
A falta de poco más de un cuarto de hora para el final, entró Rubén Castro y todo cambió. El jugador grancanario se echó el equipo a la espalda e hizo creer a sus compañeros que lo imposible, era posible. Marcó el primero, lo que le convirtió en el máximo goleador en la historia del Betis, pero no lo celebró. No había tiempo para eso.
Luego Perquis, que no había estado especialmente acertado, marcó en un córner el segundo y ya en el 90', Jorge Molina marcó ante un Almería que no se lo podía creer. Aún hubo tiempo para más, pues los de Francisco mandaron un balón al palo en el descuento.
No se movió ya el 3-4, pero por lo menos se evitó que el partido de vuelta fuese un trámite. Todavía queda tela por cortar en el Estadio de los Juegos Mediterráneos.